sábado, 11 de marzo de 2017

Amigo Vs. Padre

Si Dios nos regala un hijo
Jueves, 25 Diciembre, 2008 by Pablo Gimenez (sic)

Una de las peores secuelas de la culpabilidad que nos atormenta hoy a la mayoría de los padres es que se han revertido los términos de nuestras relaciones con los hijos.

Hasta donde recuerdo, los esfuerzos de mis papás estaban encaminados a lograr que los respetáramos, obedeciéramos sus órdenes, tuviéramos buenos modales y fuéramos estudiantes consagrados.

Es decir, su función no era complacernos sino educarnos. Agradarlos era asunto nuestro, no suyo.

Mientras que hasta hace sólo un par de generaciones los niños hacían lo posible por complacer a sus padres, hoy nosotros hacemos hasta lo imposible por complacer a los hijos…

Parece que los sentimientos de culpa nos hacen creer que, como siempre hay algo en que nos hemos equivocado, no somos merecedores del amor de nuestros hijos y por lo tanto tenemos que ganárnoslo.

Lo más grave de este fenómeno es que desde el momento en que son los hijos quienes nos otorgan su amor y nosotros quienes tenemos que merecérnoslo, son ellos quienes tienen el poder en la familia.

Es por eso que hoy los niños son los que mandan y los padres los que obedecemos, una situación sin precedentes en las generaciones anteriores.

Esta nueva posición de inferioridad paterna da lugar a ciertas actitudes inconcebibles de los padres hoy como, por ejemplo, el creciente interés por ser los mejores amigos de los hijos…

Lo peor es que el esfuerzo por ganar su amistad nos lleva a actuar como aliados de nuestros hijos, por lo que estamos prestos a defenderlos ante la autoridad, ante el colegio, ante los profesores, es decir, ante todo el que se atreva a contrariarlos.

Esto significa que, no sólo no les ponemos límites sino que nos oponemos a que otros lo hagan. Y lo que así se logra es que los hijos se conviertan en personas irreverentes e irresponsables, que van por la vida exigiendo derechos que no tienen y  privilegios que no se merecen, pero siempre sabiendo que sus papás los sacarán de cualquier problema.

El amor de los hijos no se compra, y menos a base de convertirnos en sus pares. El precio a pagar no puede ser colocarlos en el lugar que nos corresponde como padres porque los dejamos huérfanos.

Lo que nos hará merecedores de su afecto y admiración será la dedicación, que estemos al mando de sus vidas hasta que tengan la madurez para hacerlo por sí mismos.

Esto significa que nuestra función no es subyugar a los hijos como en el pasado, pero tampoco rendirnos a sus pies para que nos amen, sino liderar su travesía inicial para que puedan más adelante ser capitanes idóneos de sus propias vidas.

Ángela Marulanda

http://unmensajeparati.wordpress.com/ 

domingo, 19 de febrero de 2017

Actitudes en Gestalt

- Emociones, cuerpo, cognición y relaciones son temas muy estudiados en la Terapia Gestalt; pero las actitudes no.
- Desde el punto de vista de la Psicología General, una actitud está formada por:
+ un componente cognitivo (una creencia)
+ un componente emocional o afectivo, y
+ un componente dirigido a la ación: impulso o tendencia.
Por ejemplo: una actitud racista.
Tiene creencias en que el otro, por ser diferente es peligroso o tiene menos valor, acompañada de emociones como el miedo, la desconfianza y el odio; y por la tendencia a despreciar al otro, a rechazarlo, a vigiarlo y a no darle lugar.
- Cuando se produce una sinergia entre un pensamiento y una emoción aparece normalmente un tercer ingrediente: el impulso o la tendencia, de manera, además, bastante automática o ciega.
Cuando se le muestra este automatismo al cliente le cuesta mucho trabajo comprender que las cosas puedan ser de otra manera, o que él pueda actuar de otra manera, le parece algo natural en él e incluso llega a descalificar a los que piensan o actúan de otra manera.
- Es en la práctica donde nos encontramos con la enorme dificultad de cambiar actitudes, no como objetivo, sino como un cambio necesario para que el cliente pueda salir del atolladero en que se mete una y otra vez.
- No basta con revisar emociones y creencias. Hay algo más arraigado en el cliente,  UNA TENDENCIA A CONDUCIRSE POR LOS CAMINOS TRILLADOS O A DISCURRIR POR LOS RAÍLES DE SIEMPRE, QUE RESULTA MUY DIFÍCIL "DESARRAIGAR". Hay algo que podemos llamar "la impronta profunda".
- Ejemplo:

Cuando alguno de mis padres me atendía, siendo yo pequeño, lo hacía con notable sufrimiento, suyo y mío. A veces pagaba un alto precio, del tipo que fuera, para proveer mis necesidades. Yo aprendí a vivir con cierto dolor al contacto íntimo.
Con independencia de que esto pueda reflejarse en la creencia con características de introyecto "el amor es sacrificio", aquí hay algo más. La creencia se reflejará también como juicio de valor. El sufrimiento se convertirá así en prueba de validez profunda del verdadero amor. A esto es a lo que me refiero como "impronta profunda", o como "raíles arraigados".
- Desarraigar una actitud no quiere decir nada como amputarla, eliminarla o suprimirla, sino flexibilizarla, es decir, encontrar alternativas de pensamiento o acción. Que su manera de reaccionar hasta hoy deje de ser la única, no que pretenda arrancarla de su persona.
- Una actitud sólo puede cambiarse cuando pueden reconocerse sus tres ingredientes, la conexión entre ellos, especialmente la conexión entre introyecto, valor y emoción, en la forma que he descrito anteriormente, y se trabaja con todo ello de manera conjunta.
- Desde el punto de vista práctico, una vez identificada la tendencia, lo importante es:
1. Encontrar qué la activa, ante qué o ante quién se activa, cuál es el gatillo que dispara la tendencia, y cómo ocurre. El proceso de darse cuenta es imprescindible
2. La atención a lo corporal. Todo impulso tiene una base corporal. Muchos movimientos son sutiles y otros se quedan en tensiones.
3. La conexión entre actitudes y pautas de relación manipulativa. Trabajar sobre la forma como el cliente manipula, encontrar a qué necesidad trata de responder de forma neurótica.
- En todo caso, el asunto de las actitudes es hoy por hoy una zona oscura en la Gestalt, poco trabajada o poco desarrollada.

Terapia Gestalt: una guía de trabajo

pp. 198-204 

domingo, 12 de febrero de 2017

Terapia Gestalt en palabras de Jorge Bucay


Es una terapia al servicio de comprender lo que te está pasando en cada momento. Una terapia destinada a abrir brechas entre tus máscaras, para dejar salir cada vez más al verdadero ser que eres.
Una terapia, de alguna manera, única e indescriptible, porque está armada sobre la estructura de dos personas únicas e indescriptibles que somos tú y yo; y que han acordado, por ahora, prestar más atención al proceso de crecimiento de una de ellas: tú.
Una terapia que no cura a nadie, porque reconoce que sólo puede ayudar a algunos a que se curen a sí mismos. Una terapia que no intenta producir ninguna reacción, sino solamente actuar como un catalizador capaz de acelerar un proceso, que se hubiera producido de todas maneras con o sin terapeuta.
Una terapia que (al menos con este terapeuta) se parece cada vez más a un proceso didáctico, y en fin, una terapia que jerarquiza más el sentir que el pensar, más el hacer que el planificar, más el ser que el tener, más el presente que el pasado o el futuro.

Partimos de la idea de no investigar el origen de los sufrimientos (psicoanálisis), ni elegir conductas para saltear ese sufrimiento (conductismo); más bien la tarea se centra en establecer qué está pasando con esta peculiar persona que está en consulta y para qué está ella en esta situación.

La ventaja es que no son terapias tan largas como el psicoanálisis, ni tan cortas como las neoconductistas; una terapia de este modelo transcurrirá en un lapso de seis meses a dos años. Sin tener la profundidad ortodoxa, genera una buena dosis de autoconocimiento y un buen nivel de manejo de los propios recursos.

Anida el peligro de promover en los pacientes, aunque sea por un rato, la idea de una filosofía de vida indolente y liviana, una postura de "vivir el momento" que no tiene nada que ver con el "presente" que estas escuelas plantean, el que por supuesto admite y requiere muchas veces de la experiencia y de los proyectos de vida.

Recuentos para Demián
pp. 64-65, 68-69 

lunes, 6 de febrero de 2017

Las tres verdades


Todos los que hemos vivido buscando la verdad, nos hemos encontrado en el camino con muchas ideas que nos sedujeron y habitaron en nosotros con la fuerza suficiente como para condicionar nuestro sistema de creencias. Sin embargo, pasado un tiempo, muchas de las verdades terminaban siendo descartadas porque no soportaban nuestros cuestionamientos, o porque una <>, incompatible con aquellas, competía con nosotros por los mismos espacios. O simplemente porque estas verdades dejaban de serlo.
En cualquier caso, aquellos conceptos que habíamos tenido como referentes dejaban de ser tales y nos encontrábamos, de pronto, a la deriva. Dueños del timón de nuestro barco y conscientes de nuestras posibilidades, pero incapaces de trazar un rumbo confiable. Mientras escribo esto, recuerdo de pronto que “El Principito” de Antoine de Saint-Exupéry:
<
-No registramos flores, porque no se pueden tomar como referencia las cosas efímeras. Y el geógrafo le explicó al principio que efímero quiere decir amenazado de pronta desaparición. Cuando el Principito escuchó esto, entristeció mucho. Se había dado cuenta de que su rosa era efímera…>>.
Y entonces me pregunto, por un lado: ¿Existirán las verdades sólidas como rocas e imperturbables como accidentes geográficos? ¿O será la verdad sólo un concepto que lleva en sí mismo la esencia de lo transitorio y frágil de las flores? Y, por otro lado, desde una perspectiva macroscópica: ¿Es que acaso las montañas, los ríos y las estrellas no están también amenazados de desaparición? ¿Cuánto es <> comparado con <>? ¿No son, desde esta mirada, las montañas también efímeras…? Creo que lo que me gustaría hoy es intentar escribir sobre algunas ideas-montaña, ideas-ríos, ideas-estrellas con las que me he ido cruzando en mi camino.
Algunas verdades que seguramente son cuestionables para otros, lo serán también para mí, algún día. Pero hoy contienen, me parece, la solidez y la confiabilidad que da la indiscutible mirada del sentido común.
1. El primero de estos pensamientos confiables forma parte inseparable de la filosofía gestáltica y es la idea de saber que:
lo que es, es.


(Escribo esto y pienso en la desilusión de quien me lee: <<¡Lo que es, es…! ¿Esa es la verdad?>>.) El concepto, no por obvio menos ignorado, contiene en sí mismo tres implicaciones que me parece significativo remarcar: saber que lo que es, es implica la aceptación de que los hechos, las cosas, las situaciones son como son. La realidad no es como a mí me convendría que fuera. No es como debería ser. No es como fue. No es como será mañana. La realidad de mi afuera es como es.
Pacientes y alumnos que me escuchan repetir este concepto se empeñan en ver en él un deje de resignación, de postura lapidaria, de bajar la guardia. Me parece útil recordar que el cambio sólo puede producirse cuando somos conscientes de la situación presente. ¿Cómo podríamos diagramar nuestra ruta a Nueva York sin saber en que punto del universo nos encontramos?
Sólo puedo iniciar mi camino desde mi punto de partida y esto es aceptar que las cosas son como son.
La segunda derivación directamente relacionada con esta idea es que:
Yo soy quien soy.
Otra vez:
Yo no soy quien quisiera ser. No soy el que debería ser. No soy el que mamá quería que  fuese. Ni siquiera soy el que fui. Yo soy quien soy. De mi paso, para mí, toda nuestra patología psicológica proviene de la negación de esa frase. Todas nuestras neurosis empiezan cuando tratamos de ser quienes no somos. En “Déjame que te cuente”… escribí sobre el autorrechazo:
…todo empezó aquel día gris
en que dejaste de decir orgulloso
YO SOY …
Y entre avergonzado y temeroso
bajaste la cabeza y cambiaste
tus palabras y actitudes
por un temible pensamiento:
YO DEBERÍA SER…
…Y si es difícil aceptar que yo soy quien soy, cuanto más difícil nos es, a veces, aceptar la tercera derivación del concepto <>:
Tú… eres quien eres.
Es decir:
Tu no eres quien yo necesito que seas. Tu no eres el que fuiste. Tu no eres como a mí me  conviene. Tu no eres como yo quiero. Tu eres como eres. Aceptar eso es respetarte y no pedirte que cambies.
Hace poco empecé a definir el verdadero amor como la desinteresada tarea de crear espacio para que el otro sea quien es.


Esta primera verdad es el principio (en sus dos sentidos, de primero y de primordial) de toda relación adulta. Se materializa cuando yo te acepto como tú eres y percibo que tú también me aceptas como yo soy.
2. La segunda verdad que creo imprescindible la tomo de la sabiduría suficiente:
Nada que sea bueno es gratis.
Y de aquí se derivan, para mí, por lo menos dos ideas.
La primera: si deseo algo que es bueno para mí, debería saber que voy a pagar un precio por ello. Por supuesto, ese pago no siempre es en dinero (si fuera sólo en dinero, ¡sería tan fácil!). Este precio es a veces alto y a veces muy pequeño, pero siempre existe. Porque nada que sea bueno es gratis.
La segunda: darme cuenta de que si algo recibo de fuera, si algo bueno me está pasando, si vivo situaciones de placer y de goce es porque me las he ganado. He pagado por ellas, me las merezco. (Sólo para alertar a los pesimistas y desalentar a los aprovechados, quiero aclarar que los pagos son siempre por anticipado: lo bueno que vivo ya lo que pagado. ¡No hay cuotas a plazos!).
Algunos de los que me escuchan decir esto preguntan:
¿y lo malo? ¿No es cierto que lo malo tampoco es gratis? Si me pasa algo malo, ¿es también por algo que hice? ¿Porque de alguna forma me lo merezco? Quizás sea cierto. Sin embargo, estoy hablando de verdades, para mí, incuestionables, sin excepciones, universales. Y para mí la aseveración de que me merezco todo lo que me pasa incluido lo malo no es necesariamente cierta. Puedo asegurar que conozco algunas personas a las que les han acontecido hechos desgraciados y dolorosos que, sin duda alguna, ¡no lo merecían!
Incorporar esta verdad (nada que sea bueno es gratis) es abandonar para siempre la idea infantil de que alguien debe darme algo por que sí, porque yo quiero. Que la vida tiene que procurarme lo que deseo sólo porque lo deseo, de pura suerte, mágicamente.
3. Y la tercera idea que creo que es un punto de referencia podría enunciarla de la siguiente manera:
Es cierto que nadie puede hacer todo lo que quiere, pero cualquiera puede NO hacer NUNCA lo que NO QUIERE. Me repito a mí mismo:
Nunca hacer lo que no quiero.
Incorporar este concepto como una referencia real, es decir, vivir coherentemente con esta idea, no es fácil. Y sobre todo no es gratis. (nada que sea bueno lo es, y esto es bueno). Estoy diciendo que si soy un adulto, nadie puede obligarme a hacer lo que no quiero hacer. Lo máximo que puede pasarme , en todo caso, es que el precio sea mi vida. (No es que yo minimice ese coste, pero sigo pensando que es diferente creer que no puedo hacerlo, a saber que hacerlo me costaría la vida). Sin embargo, es lo cotidiano, en el pasar de todos los días, los precios son mucho mas bajos. En general, lo único que es necesario es incorporar la capacidad de renunciar a que algunos de los demás me aprueben, me aplaudan, me quieran. (El coste, como a mí me gusta llamarlo, es que cuando una se atreve a decir no, empieza a descubrir algunos aspectos desconocidos de sus amigos: la nuca, la espalda y todas otras partes que se ven sólo cuando el otro se va).
Estas tres verdades son para mí ideas-montañas, ideas-río, ideas-estrella. Verdades que continúan siendo ciertas a través del tiempo y de las circunstancias. Conceptos que no son relativos a determinados momentos, sino a todos y cada uno de los instantes que, sumados, solemos llamar “nuestra vida”.
VERDADES-MONTAÑA para poder construir nuestra casa sobre una base sólida.
VERDADES-RIO para poder calmar nuestra sed y para navegar sobra ellas en la búsqueda de nuevos horizontes.
VERDADES-ESTRELLA para poder servirnos de guía, aun en nuestras noches más oscuras…

Jorge Bucay 

sábado, 4 de febrero de 2017

Aportes de la Fenomenología a la Terapia Gestalt

- Lo que importa primero es describir antes que explicar: el cómo precede al por qué.
- Lo esencial es la vivencia inmediata, tal como es percibida o sentida corporalmente (imaginar) así como el proceso que se desarrolla aquí y ahora.
- Nuestra percepción del mundo y de nuestro entorno está dominado por factores subjetivos irracionales que le confieren un sentido, el cual es diferente para cada uno.
- Esto implica particularmente la importancia de la toma de conciencia del cuerpo y del tiempo vivido, como una experiencia única de cada ser humano, ajena a cualquier teorización preestablecida. 

La Gestalt, una terapia de contacto

p. 38 

miércoles, 1 de febrero de 2017

Aceptar la diferencia

- No sólo no hay parejas sin conflictos, sino que son los conflictos lo que hacen atractivo estar con otro, y más que los conflictos, las diferencias (que son justamente las que generan el conflicto). (102)
- Creo que es posible aprender de las dificultades. Es una manera de estar en el mundo, observar qué ocurre y cómo atravieso la situación.
Digo que es una manera de estar en el mundo porque es muy distinto tener un plan prefijado que dejar que la vida siga fluyendo. La vida no es cumplir determinadas metas prefijadas, sería muy aburrido. Es diferente si nos planteamos a ver qué ocurre y cómo movernos con lo que se va dando.
Muchas angustias, depresiones, se generan por esto, por tener una idea de a dónde quiero ir, y cuando mi plan no se cumple me frustro. Cuando no actuás de acuerdo con mis expectativas, no te quiero. Y no es así. La vida es más vivible si nos ponemos en la actitud del surfista, descubrir el camino de acuerdo a las piedras que se interpongan, las olas marcan el camino y no mi idea de a dónde tengo que llegar.

Qué relajante llegar a este punto: esto es lo que puedo, esto es lo bueno para mí. No hay un modelo de vida; lo que a mí me encanta a vos no te gusta, y está todo bien, ¿por qué tengo que convencerte de que mirar el río es más divertido que entrar en internet? Vos quedate con la computadora y yo me voy a patinar al río, nos vemos luego.
- La mayoría de la gente se pelea porque quiere convencer al otro de que su postura es la correcta. Entonces partamos de la base de que no hay una postura correcta.
Creo que la gente necesita ser convalidada por el otro para afirmarse en lo que piensa o siente.
Sería bárbaro poder decir: esto para mí es bueno, aunque a todo el mundo le guste otra cosa, y poder respetárselo. No necesitar la autorización del otro, aceptar la diferencia.
- No hay una manera de vivir, cada uno se arma su circo como puede. Cada pareja tiene que armar su propio circo.

Amarse con los ojos abiertos

pp. 102-103