martes, 16 de septiembre de 2014

Si...


Si para recobrar lo recobrado
tuve que haber perdido lo perdido,
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado.
Si para estar ahora enamorada
fue menester haber estado herida
tengo por bien sufrido lo sufrido,
tengo por bien llorado lo llorado.
Porque después de todo he comprendido
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido.
Porque después de todo he comprobado
que lo que tiene el árbol de florido
vive de lo que tiene sepultado. 

Francisco Luis Bernárdez

lunes, 15 de septiembre de 2014

El pescador satisfecho


El rico industrial del Norte se horrorizó cuando vio a un pescador del Sur tranquilamente recostado contra su barca y fumando una pipa.

“¿Por qué no has salido a pescar?”, le preguntó el industrial.
“Porque ya he pescado bastante por hoy”, respondió el pescador.
“¿Y por qué no pescas más de lo que necesitas?”, insistió el industrial.
“¿Y qué iba a hacer con ello?”,  preguntó a su vez el pescador.

“Ganarías más dinero”, fue la respuesta.  “De ese modo podrías poner un motor a tu barca. Entonces podrías ir a aguas más profundas y pescar más peces. Entonces ganarías lo suficiente para comprarte unas redes de nylon, con las que obtendrías más peces y más dinero. Pronto ganarías para tener dos barcas… y hasta una verdadera flota. Entonces serías rico como yo”.
“¿Y qué haría entonces?”, preguntó de nuevo el pescador.
“Podrías sentarte y disfrutar de la vida”, respondió el industrial.

“¿Y qué crees que estoy haciendo en este preciso momento?”, respondió el satisfecho pescador.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Naturaleza Humana


En un lugar del trópico, un misionero decidió impresionar a sus feligreses nativos llevando consigo a algunos de ellos a dar una vuelta en un avión. El aparato voló por encima de las aldeas, las colinas, los bosques y los ríos de la región. De vez en cuando, los pasajeros miraban por la ventanilla, pero en general, no parecían estar demasiado impresionados.

De regreso a tierra, descendieron todos del avión sin hacer el más mínimo comentario. El misionero, ansioso de obtener alguna reacción, exclamó: “¿No ha sido maravilloso? ¡Es fantástico lo que los seres humanos pueden conseguir! ¡Hemos estado allá arriba, en el cielo, por encima de las casas, de los árboles y las montañas, contemplando la tierra!”

El grupo de nativos escuchaba impasible. Al fin, el cabecilla del mismo, dijo: “También los insectos lo hacen…”

…”Y, lo que es aún más,  ¡son felices!

martes, 9 de septiembre de 2014

Polaridades

“Yo solo puedo decir, aunque parezca muy contradictorio: 
Sé pacientemente impaciente o impacientemente paciente, 
pero sé ambas cosas”. Osho

- El origen de la polarización está en la mente. Ella no puede percibir la realidad en toda su completud y sólo percibe una parte -figura-, en contraste con un fondo -no percibido-.
- Cuando establecemos el límite entre un ser y el resto del mundo aparecen los contrarios: lo que es parte de la forma discriminada y lo que no es parte de esa forma. Al decir Yo, nos apartamos de todo lo ajeno, es decir, el No Yo; y desde ese momento quedamos atrapados en la polaridad.
En el estado ordinario de conciencia no podemos percibir la unidad.
- Los dos polos se complementan y se necesitan para existir. Si no existiera la oscuridad, no podríamos ver la luz. Sin el frío, no captaríamos la presencia del calor, sin el hambre no registraríamos la saciedad.
- Según Dahlke y Dethlefsen podemos subsanar el déficit de la conciencia en la alternancia de los polos. Si no puedo captar la unidad día-noche, al menos puedo captar que uno sucede al otro. Esta alternancia circular da origen a una captación del ritmo, el tiempo y el espacio.
- El mundo de contradicciones nos obliga a ir y venir. No queda más remedio. No podemos captar la totalidad -no en el estado habitual de conciencia-.
Lo que sí podemos es tener conciencia del estado en que estamos, que existe el otro y que nuestra permanencia en él es transitoria.
- Una de las polaridades más importantes que transitamos es la de cuerpo-mente. Se nos presenta como sentimiento-pensamiento, o como necesidades-“deberías”.
Fritz Perls, en su libro Terapia Gestalt, describe también otras polaridades que necesitamos integrar:
     * Self-mundo exterior
     * Emocional (subjetivo)-Real (objetivo)
     * Infantil-maduro
     * Biológico-Cultural
     * Poesía-Prosa
     * Espontáneo-Deliberado
     * Personal-Social
     * Amor-Agresión
     * Inconsciente-Consciente
- Nuestra salud está relacionada con la integración de los opuestos, con la ampliación de la mirada y el darnos cuenta de que siempre estuvieron unidos y completos.
La relación de los opuestos puede tener distintos grados de integración en nuestra mente.
     + Como opuestos antagónicos.- Nos identificamos con uno y proyectamos el otro. Es el maniqueísmo.
     + Como opuestos proporcionados.- Reconocemos que en cada polo existe algo del opuesto. El hombre descubre su parte femenina y la mujer su parte masculina. Tenemos algo en común y a partir de eso nos relacionamos mejor.
     + Como opuestos complementarios.- Descubrimos que somos dos partes de un mismo sistema: hombre-mujer del sistema pareja, pareja-hijos del sistema familia, mente-sentimientos del sistema persona, etc. Desde el sistema observamos las partes en conflicto o integradas. La resolución de conflictos se da en este nivel, cuando las partes pueden negociar o acordar un funcionamiento equilibrado que beneficie al sistema. 
     + En integración.- Las partes se descubren como momentos de un proceso dinámico que no se detiene en ningún punto. Se descubre la transitoriedad y se dejan de lado las identificaciones rígidas: No soy enojado, sino que estar enojado es un momento en el recorrido de mis estados de ánimo.

Entrenamiento en Gestalt
pp. 96-102 

lunes, 8 de septiembre de 2014

Introyectos

1º Descubrir las exigencias o “deberías” que tenemos. Son mandatos con los que dirigimos nuestra vida. Vivimos de acuerdo a un ideal -“deber ser” y “deber hacer”-, lo cual es frustrante, culpabilizante, autorreprochable. Son verdades absolutas e indiscutibles que fueron afectivizadas. La verdad última es “Yo estoy mal”.
Me vivo como la ley, el juez, el culpable y la cárcel.
En un primer intento por desidentificarme de mis mandatos, me pienso como el opuesto y me puedo quedar en esta falsa identidad el resto de mi vida. La exigencia de ser perfecto se transforma en una carga muy pesada, la viva como sometido o como rebelde.
La mayoría de las veces creo que las exigencias son externas.

2º Logro desidentificarme de mis mandatos y me quedo en el vacío de la anomia. No sé quién tengo que ser y me pregunto: “¿Qué quiero en lo profundo de mí?”. Me conecto con mis sentimientos, mis necesidades. Soy honesto conmigo mismo.
Abandonar el camino de la perfección implica el riesgo de no ser querido por el otro, incluso, los más cercanos.
Luego, descubro que no  necesito ser diferente a quien soy y comienzo a aceptarme. Entonces empiezo a quererme.
Descubro aquello que decía Perls: “No estoy aquí para satisfacer tus expectativas. Yo soy Yo y Tú eres Tú”.
Comienzo un camino en soledad, encontrando puntos de referencia internos. No me apoyo en “los que saben”, sino en lo que pienso, siento, percibo…en lo que soy.
Mis respuestas comienzan a ser mías, acertadas o erróneas. Algunas personas me aceptan y me quieren, otras no.
Poseo la libertad de escribir mi historia, entre miedos y certezas, intuiciones y dudas.
Comienzo a ser adulto. Siento mi potencia, mi capacidad de ser y hacer.

3º Descubro mis límites naturales. No todos mis deseos son posibles y realizables. Soy finito y limitado. Soy mortal.
Ahora me pregunto: “Esto que quiero, ¿hasta dónde puedo?”. Querer no es poder. Mi libertad se humaniza.
Me siento incompleto y busco completarme sin el perfeccionismo de antes. Mi meta no es externa sino una carencia interna.
Descubro mis necesidades, mis recursos; la posibilidad de curarme y de “beber en mi propio pozo” (Cabarrús).

4º Satisfago mis necesidades. Desarrollo mis recursos, internos y externos. Me ayudo a mí mismo y recibo la ayuda que necesito del entorno. No dependo de él ni soy autosuficiente. Comienzo con humildad una etapa de crecimiento y desarrollo.
El otro surge como alguien con quien me desarrollo y me completo en otros aspectos.
Me prepara para vivir más auténticamente, sabiendo que no será infinita ni perfecta.

Ejercicio

Apoyo Yo debería Yo quiero Yo puedo Yo necesito



Contenido
Es la exigencia que tengo.
Es el ideal que debería ser.
Hablan mis introyectos.
Son mis mandatos.
Elijo y me hago cargo.
Me diferencia de mis “deberías”.
Me hago adulto.
Es el criterio de realidad.
Reconozco mis potencias y límites.
Reconozco mis carencias sin criticarlas.
Descubro mis recursos.
Lo que me falta para poder.
Los recursos que tengo que desarrollar.
Es la tarea.
Es la vía de realización
Niveles Exigencia Libertad Recursos Tarea

La exigencia como polaridad

La exigencia es un sentimiento que se origina en una relación de pares. Así como la culpa -culpador/culpado, el miedo -asustador/asustado, y la exigencia -exigente/exigido- pueden ser intrapsíquicas o interpersonales.
En ellas nos identificamos con uno de los polos. Es decir, podemos relacionarnos con una persona que nos critica o con una a la que critiquemos.
Cada uno de los polos tiene sus características y razones para existir:
- El exigente: está interesado en lograr la perfección. Está ligado al modelo ideal.
Su intención es constructiva y su amor es inmaduro e ignorante, ya que desconoce los recursos del otro, no lo escucha y cree que su verdad es absoluta.
Es desesperado, cruel, reprochador y enjuiciador.
Las buenas intenciones justifican su mal trato, que produce “en parte” el sufrimiento de ambos: se frustran y son infelices.
- El exigido: Quiere sobrevivir y se adapta complaciendo a través de la manipulación. No contradice para evitar la confrontación. Se escuda en el “no puedo”, en el cansancio o en el “no sirvo para nada”.
Se siente culpable y se victimiza para ser escuchado.
Su creencia básica es que el exigente tiene la razón y acepta que la verdad es una sola.
No califica sus necesidades y las expresa con culpa.
Cuanto más se somete, más fuerza le da al exigente y se enajena de su propio poder.

En la terapia, el paciente sufre por las exigencias que tuvo en su vida y dedica bastante tiempo para diferenciarse de sus introyectos, encontrar sus propias decisiones y apoyarse en sus propios pies. Independizarse de los padres es un escalón básico en cualquier proceso terapéutico. Este viaje parece que termina cuando perdona a sus padres de las exigencias recibidas y puede decirles “no” sin sentirse culpable.
Un paso más es descubrir las exigencias que nosotros tuvimos o todavía tenemos hacia el mundo. Por ejemplo: la expectativa de que los padres sean perfectos, que el mundo sea diferente. La pregunta es: ¿Con quién me conecto? ¿Con el mundo como es o con el mundo que yo quisiera que fuera?
Puedo tener una necesidad legítima de ser amado, sin embargo, eso no cambia la realidad de la persona que no me ama. Ella sigue siendo lo que es. Una persona que no sabe o no puede amarme. Entonces, debo aceptar que el mundo “es como es” y frustrarme o resolverlo con otra persona. Si no, insistiré demandando a esa persona que cambie y sea lo que no es. Esa es la demanda infantil. Cuando logramos verla, soltarla y convertirnos en seres conectados con la realidad, tal cual es, ingresamos en la adultez.

Había una vez, hace mucho tiempo, un hombre muy viejo que esperaba el momento de morir. Parecía que Dios se había olvidado de él pues ya tenía muchos años.
Este hombre había sido muy cumplidor de todo lo que se esperó de él. Observó todos los mandamientos y reglas que conoció. Algunos lo habían considerado perfecto. Se había esforzado al máximo por vivir según la ley de Dios y esperaba el momento de llegar ante él para recibir su recompensa.
Al fin, Dios se acordó de él y ese día se murió.
Fue inmediatamente al cielo y al llegar a la puerta vio cómo el mismísimo Dios salía a recibirlo. El viejo caminaba encorvado con toda la espalda cargada de cruces. Entonces, al ver a Dios, le dijo lleno de orgullo: “Señor, aquí estoy con todas las cruces que cargué en mi vida”.
Y Dios, mirándolo compasivamente, se inclinó y tomando una pequeña cruz dorada de su espalda le contestó: “Esta es la que te puse yo”.


Entrenamiento en Gestalt
pp. 88-96 

miércoles, 3 de septiembre de 2014

¿Quién se ocupa de mí?

“…poco a poco me fui dando cuenta que el mundo me daba menos y me frustraba más. Algunas personas se ocupaban de ellas mismas (“egoístas”) y se despreocupaban de mí”.

Si nos observamos en las situaciones frustrantes pondremos un lente de aumento a las reacciones que tenemos:

1.- Nos ponemos de víctimas. Es la reacción más inmadura. Atribuimos la responsabilidad a los otros (presidente, jefe, hermano, padre, pareja, etc.) o al ambiente.
“No me dieron lo necesario”, “No me dejan crecer”, “Si no fuera por ti”.
Quejarse es una actitud pasiva y no genera cambios en la situación. 
¿Acaso estoy cómodo con esto como para no moverme?.
Mi felicidad depende de otros y no puedo hacer nada más que esperar a que cambien.

2.- Nos convertimos en tiranos. Buscamos que el otro cambie.
Estamos buscando el cambio de "primer orden” -como lo menciona Michel-. Tenemos la atención fuera de nosotros.
Buscamos que el otro se ajuste a nuestras expectativas y se lo reclamamos.
El criterio de verdad son nuestros gustos, cultura, valores.
Este estilo de vida es muy frecuente y genera sentimientos de éxito o derrota, según logremos cambios en los demás.
A la larga nos producimos un sufrimiento que adjudicamos a los que no nos dan gusto.
“Por tu culpa ya no soy el de antes”.

3.- Descubrimos nuestras respuestas. Comenzamos a observar y reconocer nuestras actitudes de víctimas o tiranos. Percibimos la dependencia que eso nos produce. Se presenta la opción de seguir manipulando al mundo o empezar a buscar reacciones más responsables.

4.- Nos hacemos cargo de nuestras respuestas. Frente a cada situación nos damos cuenta de las reacciones que despierta en nuestro interior. De todas las variables producimos una síntesis personal y nos arriesgamos en una respuesta. “Esto es lo que quiero hacer”, “Espero hasta que me sature”. Tenemos la posibilidad de protagonizar la propia vida, ya sea para sufrir o para disfrutar. Nuestra fuerza es la autotransformación.

5.-  Yo soy el problema a resolver. Mi vida ha sido una serie de excusas para desentrañar lo que soy. Lo que no aprendo en una circunstancia se me presenta en la siguiente.
Cuando observo el proceso que ocurre dentro de mí, lo menos que puedo hacer es aceptarlo como propio, y hacerme cargo de él.
Es el cambio de "segundo orden” de Michel.


Entrenamiento en Gestalt
pp. 85-87 

lunes, 1 de septiembre de 2014

Espontaneidad

Cada momento es único 
ya que no fui este ser que estoy siendo en este ahora inédito.
Nunca volveré a ser el mismo luego de esta experiencia
ya que me transformaré con el aprendizaje
o con la satisfacción que experimente.
La respuesta que surja puede no coincidir
con la que experimenté en el pasado
y sigue siendo tan propia de mí como las anteriores.
Las ideas que tengo acerca de la situación
dejan lugar al reacomodamiento natural de los hechos…
Entonces no interrumpo…
tan sólo fluyó entre las necesidades personales,
las posibilidades del entorno
y las experiencia consciente.
Cada respuesta es una sorpresa y surge en cada momento.
No hay moldes ni metas, sólo el darse cuenta
de cada actualización y el respeto hacia ese proceso.
Mi responsabilidad es reconocer el proceso como
algo que me pertenece, que me es propio.
Mi respuesta se ancla a mis necesidades,
a las características de mi situación y mis valores,
elijo mi respuesta: avanzo, suelto, me esfuerzo,
disfruto, permito que suceda o
renuncio a mi satisfacción.
Doy mi mejor respuesta.
Soy limitado y no tengo todos los recursos.
Soy humano, es así…
Elijo mi mejor respuesta y me lanzo con riesgos
a la aventura de vivir.



Entrenamiento en Gestalt
p. 83 

miércoles, 27 de agosto de 2014

Patrones de conducta

¿Cómo elegimos la respuesta que damos al mundo?

- "Cada vez que generamos una respuesta al entorno estamos generando un tipo de relación"
- El enfoque gestáltico nos propone que en la frontera de contacto realicemos un ajuste creativo con el entorno para reorganizar el campo. Es decir, que nuestro organismo se autorregule y establezca un nuevo equilibrio, por medio de una respuesta adecuada al presente. Esto en el mejor de los casos resuelve. Pero cuando se interrumpe o cuando no somos creativos y usamos una respuesta de receta, se mantiene la insatisfacción.
- Más allá de que sea creativa y sana o antigua y neurótica, esa respuesta constituye un modelo de reacción que llamamos “PATRÓN”. Es un molde que se puede describir y reproducir. Por ejemplo: la forma de defender o de agredir, o de sentirse triste, etc.
Es interesante detenernos a analizar la constitución de esta matriz de interacción: ¿Cómo se conformó? ¿Cómo es elegida? ¿Cómo se repite?
1º Nos sentimos identificados con la respuesta. La consideramos la única posible. La justificamos. Seríamos otra persona si reaccionáramos en forma diferente. “Así soy yo…Siempre lo he hecho”.
2º En un nivel neurótico la respuesta se estereotipa. Nos rigidizamos por seguridad, para evitar una crisis personal. Nos impide actualizarnos en el tiempo.
Normalmente son pautas introyectadas del grupo de pertenencia. También pueden ser patrones creados por mí. Por ejemplo: Me identifico con lo que hice o con lo que dije, y me defino a partir de ese instante. “Soy lo que hago y mi conducta define lo que soy”.
Esto me hace previsible, ordenado y limitado. Cualquier intento de variación es peligroso y es mejor evitarlo.
Si la respuesta inhibidora se hace crónica aparece la represión. A su vez, se general la angustia. Cada vez que queremos completar la aquella situación, surge esta angustia y desviamos la conciencia a través de los mecanismos interruptores del contacto -introyección, proyección, retroflexión o confluencia-. “La angustia que surge en una persona nos muestra la interrupción de un proceso autorregulador que no se completó”. La angustia nos señala el camino de retorno a la autorregulación.
3º ¿Cuál es el grado de originalidad de mis respuestas? ¿Dónde comienza mi libertad? ¿Quién eligió por mí?…Son algunas preguntas que comenzamos a hacernos cuando emprendemos el camino del autodescubrimiento.
En el trabajo clínico, los patrones de respuesta nos remiten a fijaciones que necesitan ser actualizadas para liberar la energía que retienen.
Atendiendo el relato del paciente, escucharemos lo ”obvio”: el pedido que se repite, la orden continua, la queja estereotipada o la actitud de víctima o la incomprensión. Son las formas de contacto con el entorno, que el paciente repite una y otra vez.
Por medio de los recursos expresivos -el psicodrama, la ampliación o exageración de una frase- la persona se abre al descubrimiento de sus emocione, con frecuencia angustiantes, que revelan la aparición de una escena muy antigua. Cuando surge aquel personaje histórico o aquella situación inconclusa, nos acercamos a la nueva oportunidad de generar un ajuste creativo.
La vía de acceso propuesta por la gestalt es mantenerse en el presente en cada contacto y atentos a las necesidades personales y las características del ambiente.
La vida transcurre en la experiencia que tenemos en la frontera de contacto de nuestro organismo-entorno. En esta zona surgen espontáneamente las emociones, ellas sintetizan el encuentro de nuestro mundo interno y las presiones del entorno. Cuando nos apoyamos en nuestras emociones podemos reconocer las necesidades.
La elección de mi respuesta está vinculada a la percepción sana -sin interferencia de los imaginarios- que tengo del mundo y a mis valores. A partir de mis necesidades, las características de la situación y mis valores, elijo mi respuesta: avanzo, suelto, me esfuerzo, disfruto, permito que suceda o renuncio a mi satisfacción. Entonces ya no hay patrones personales de conducta, sino estilos de ser en el mundo.
4º El proceso de desidentificación con respuestas pasadas, de desapego de imágenes que dan seguridad y estabilidad, es arduo y complejo.
Por debajo de los condicionamientos personales existe un surco más profundo que es el mundo de los arquetipos y de los mitos, Jung lo llama  el “inconsciente colectivo”. Esta estructura energética de comportamiento se puede trascender con la plena atención a nuestra relación con el entorno y la elección consciente de la respuesta.
La libertad será mayor a medida que trascienda todos estos modelos de interacción, sean ellos neuróticos o arquetípicos.

Entrenamiento en Gestalt
pp. 80-85